Un finde sin alcohol (1 de 3), por el Dr. Jara

domingo, 5 de abril de 2009

Hola, putas. Creo conveniente escribir mis experiencias como persona sobria, pues no estoy acostumbrado a estar así y he tenido mogollón de sensaciones nuevas.

Os aviso de que suelto una buena parrafada, así que si no tenéis ganas de leer, dejadlo para otra ocasión.

Primera parte: jueves.

- ¡Que levanten la mano los que pueden beber! – me espeta mono al saludarle mientras el resto de la mesa alzaba con alegría sus brazos.
- Mono, te repites demasiado.
- Tenía que decirlo...

La noche se presentaba aciaga. Estaba cansado, mi clase de alemán fue peor de lo previsto y además tenia prohibido el abuso de alcohol por prescripción medica. Aun así, me decidí a salir. Como no podía ser de otro modo, toda esta gentuza había quedado en la tuca y, como tampoco podía ser de otro modo, cuando llegue ya estaban jugando al duro, incluso alguno de ellos (Castaño) ya presentaba signos de embriaguez precoz.

Mono no iba desencaminado. Con un gesto de resignación me acerque a la barra, me senté en un taburete y pedí un Radical de naranja, ante las miradas de curiosidad y de burla del resto del personal. Intentando no hacer caso, lo único que hice fue ver por la tele un partido de baloncesto que no me interesaba en absoluto. Por suerte pronto llego Israel, que me hizo compañía por que no había mas sillas libres, a sabiendas de la escasa conversación que iba a darle. Las fotos hacia mí bebiendo un zumo eran cada vez más frecuentes, los gritos cada vez mas altos e ininteligibles y mis ganas de salir disminuían preocupantemente. Pero aguante. Otro Radical. Liquido ácido anaranjado sin alcohol. Dos euros cada uno. Esas dos consumiciones valen lo mismo que una jarra de cerveza, suficiente como para meterme el puntillo en vena y soportar a mis amigos borrachos.

Isra se sentó en la mesa, y Michi se acerco a mí en su lugar y, con él, su novia. Como es lógico entre parejas, empezaron a besarse delante de mí. “Ah, eso, muy bien, ahora recordadme que ligo menos que una piedra”, les iba a decir, pero preferí hablar con ellos de cualquier cosa. Al fin y al cabo, es bonito ver a una pareja enamorada.

Un partido de Nadal y muchos gritos de Castaño después, mis suplicas fueron atendidas y salimos de la tuca, en dirección al Garamond bar. Aires nuevos, quizá no me lo pase mal, pensé. Al llegar a la puerta varias chicas comenzaron a ofrecerme copas baratas, que me vi obligado a rechazar con una frialdad propia de un concursante de 50 x 15 que se planta antes de ganar el mayor premio.

Mono y Castaño, los que peor iban, fueron los primeros en pedirse una copa. Chechu les siguió y le aborde para que me pidiera una botella de agua.

- ¿Agua? ¿Y que hago, te invito o como es esto?
- No, joder, toma un euro y págala.

Sorprendido, Chechu se dirigió al camarero y le pidió una botella de agua. Este, indiferente, hizo caso omiso y siguió atendiendo al resto de clientes de verdad.

- ¿Me has pedido el agua? – le pregunto a mi amigo con impaciencia por tener algo en las manos, aunque no tuviera alcohol.
- ¡Joder, no me hace caso!

A la tercera fue la vencida. El camarero se dio cuenta de que la cosa iba en serio y le puso una botella de agua. Estaba algo lejos de el, pero de sus labios me pareció oír un “tres euros”. Preocupado, le atosigo a Chechu:

- Oye, ¿cuanto es?
- Tres euros – me responde con ojos de pena.
- ¿PERDON?
- Tres euros – repite.
- Quita quita, ¡dile que no la quiero!
- ¡Pero si ya esta abierta!

Con el rostro enjuto, meto la mano en mi bolsillo (yo no uso cartera) y saco tres monedas de un euro. Se las doy a Chechu para que pague. Acto seguido, Se da la vuelta, coge la botella con las dos manos y, con una sonrisa diabólica en la cara me dice:

- Saboréala como si hubiera sido recogida de un manantial de los alpes a 2000 metros de altitud y embotellada en cristal de Swarovski.
- Chechu, que esto quede entre tú y yo – Demasiado tenía con no beber como para que Mono me viniera a putear más.

Bebía la botella con cariño, como si fuera mi ultima consumición en mi vida, mientras veía bailando a toda la gente. En ese momento mi cerebro albergaba una mentalidad algo dualista: por una parte, me sentía superior al resto del pueblo llano, ellos estaban borrachos, muchos de ellos sin conocer sus actos y al día siguiente serian un saco de mierda con resaca. Sin embargo, ellos estaban experimentando la mejor sensación del mundo, estaban aprovechándose de las consecuencias de beber, y lo que es peor, estaban bebiendo... Estaban haciendo lo que más me gusta hacer a mí, lo que mejor se me da hacer a mí. Estaban borrachos y yo estaba en la barra, mirando a la gente, intentando encontrar a algún fracasado como yo para no sentirme solo, o a alguna mujer que se me acercara por pena y me diera conversación. Pero lo único que me encontré, repentinamente, fue un desagradable olor, acompañado de muchos gritos y un agujero de gente, muchos de ellos saliendo del bar: Castaño se habia cagado. Su cara, para mas INRI, era de completa satisfacción.

De nuevo en la barra, me asalto por la espalda una voz femenina bastante conocida. Susana, “la viejuna” para muchos de vosotros, me preguntaba extrañada que hacia en ese bar. Al responderle, me hablo un rato.

- Estoy aquí, con mi churri.
- Coño, ¿otro?
- Si, es muy mono, esta ahí – me dice con cara resignada al ver que me reía de ella. – Ven, que te lo presento.

Me acerco a un tipo de aspecto infame, penosamente vestido, el poco pelo que tenia le bajaba alborotado por la cara. Me dio la mano y tuve una sensación de repugnancia, como una urgente necesidad de bajar al baño a lavármela.

- Este es Jara – dice Susana muy animada – Es muy buen amigo mío.

Me agrado el comentario que hizo y la sonreí.

- Hola Jara – me dice el individuo con la voz como si tuviera un kilo de peta zetas en la boca. – Yo soy Oscar. Oscar Téllez.

Pude denotar un aire de superioridad en él. No sé si habrá alguna familia rica salmantina apellidada Téllez, pero desde luego él creía que existía y, es mas, estaba presumiendo de ello.
Poco más tarde, estando en la barra con esta gentuza, el individuo de aspecto sucio de aspiraciones aristócratas me interrumpe para darme conversación. Una conversación que yo no deseaba en absoluto.

- ¿Qué tal, Jara? – me rodea el cuello con el brazo. Puse la botella de agua entre él y yo, a modo de barrera, no fuera a ser que resultara que es marica y se me lanzara.
- Aquí andamos – le hablaba poco, a ver si desaparecía de mi vista.
- Pareces buena gente. Se te ve en los ojos.

“Ahora si, seguro que se me lanza. ¡Dios, todos los maricones vienen a mí!”, Pensé abatido. Pero no fue el caso, me dijo alguna cosa mas:

- Pues yo soy ganadero. Tengo una finca con toros, y demás...

Mire alrededor por si alguien le había preguntado y yo no lo había oído, pero no. Era un patético intento por quedar por encima de nosotros, los amigos “jóvenes” de Susana, y supongo que por justificar su romance esporádico con ella. No supe que contestar a esa gilipollez, así que dije lo primero que se me ocurrió y me largue:

- Ah... a ese amigo mío – dije señalando a Michi – también le gustan mucho los toros, así que, ¿por qué no vas a hablar con él?

Vi como Oscar se iba ganando cada vez mas enemistades, la gente del bar que estaba cerca de el empezaba a mirarle mal, y no eran los únicos. Nosotros tampoco le mirábamos con cara agradable y, además, esperábamos un encontronazo con Justo. Por suerte, Justo desapareció misteriosamente al rato, y no hubo males mayores. No me pareció que estuviera muy borracho, así que no le di mucha importancia.

Al rato suspire aliviado, y la noche tuvo un cariz más tranquilo. Mono se largo “con los de su clase”, según él. Huelga decir que todos sabemos donde estuvo, así que sobran los recordatorios.

Nos fuimos. Me empezaba a aburrir, y convencí al personal para ir al Candela, sin Justo y sin Mono. Mas de lo mismo, lo único que bebí fue el resto de la pepsi de la copa de Michi, que me dio por pena. No puedo negar que Michi y su novia también estaban borrachos. No llegaban al nivel de Castaño, pero lo estaban. De hecho, temí que se pusieran a follar en el bar delante de todos, así que me separe, y me encontré con Chechu, totalmente sobrio él, golpeando con su copa la cerveza de Castaño, provocando un geiser de espuma. Castaño, enfadado, amenazo con irse al Charro, pero le recordé que le quedaba otra cerveza que tomar en el Candela, por aquello del 2 x 1.

- Estoy trompa – me dice con una voz casi inaudible – y todavía me queda otra cerveza...
- Lo sé, te lo acabo de decir Castaño.
- Son todas unas guarras cornudas... – Castaño no me miraba a mí, buscaba una presa fácil entre la poca gente que había en el local. Creo que no era consciente de que estaba hablando con otra persona.
- Y todavía te quedan las cervezas del Atahualpa – le recuerdo.

En ese momento Castaño dejo de mirar a las mujeres, abrió las piernas creando una base amplia sobre la que sostenerse de pie y, con un bufido, miro hacia el suelo con resignación. Le abandone a su suerte. Me fui a la barra. Mire hacia la gente y, de repente, sentí ganas de vomitar. No había probado el alcohol todavía. En el cristal que hay junto a las escaleras se encontraba el delegado de mi clase, con quien había mantenido antes una pequeña conversación, besando apasionadamente a un hombre. Se lo dije con preocupación a Michi y a Elena, pero estaban demasiado ocupados haciendo amago de fornicar. Encontré a Israel, que lo había visto a la vez que yo, y le convencí poco después de abandonar ese lugar. Después de que el resto se nos uniera, nos largamos de ahí, mientras Michi profería gritos homofobos.

Decidimos ir al paki palla, pero el grupo estaba demasiado borracho para dar mas de un paso en dos minutos. A los diez minutos de salir del Candela estábamos en la puerta del Amarillo y Castaño se había caído al suelo en extrañas circunstancias. Aburrido, opte por irme a mi ritmo, e Isra me acompaño.

Estaban a punto de cerrar, pero por nuestra condición de músicos celebres (vamos, que nos conocían por haber tocado un par de veces ahí) nos dejaron pasar. Entramos en la zona grande, nos dirigimos a la barra, y me tope con un hombre con la cabeza baja, los ojos entrecerrados y rojos, y el pelo revuelto por la cara. Era Justo, y estaba borracho. No me hizo demasiado caso, estaba con Bárbara y con Navazo. Este punto de la noche es importante para mí, dado que debido a la INSOSTENIBLE situación en la que me encontraba, opte por mandar a la mierda todo y tomarme un señor copazo. Llame a Kiko para que me sirviera (es la mejor opción para no pagar) y le pedí un Jack Daniels con dos hielos. No hace falta que diga que casi se me caen las lagrimas al probarlo. La copa no duro mas de cinco minutos, tiempo en el que Justo fue al servicio.
Al volver Justo del servicio, note que traía los ojos mas abiertos que antes. Me alcanzo a decir:

- Me han dado dos caladas de un porro, ¡y estoy de puta madre!
- ¿Quién te lo ha dado?
- No sé, no me acuerdo...

Decidimos irnos, era ya algo tarde. Pero lo prometido es deuda, y prometi a Castaño que iba al Atahualpa. Antes de llegar nos encontramos con la novia de Isra, que debia estar borracha por que me mando a tomar por culo tres veces en un cuarto de hora por alguna extraña razón. También estaba la gentuza, mamaos, Chechu apenas abría los ojos... el resto simplemente no podía mantener una conversación normal. Así que me largue a casa...

Hay algo que nunca cambia en mi: las dos hamburguesas de camino a casa. Hasta que me las prohíba el medico, claro.

1 comentarios:

F dijo...

Brutal!!
Jara eres las polla....pero no recuerdo ni la mitad de lo que comentas aqui!
ja
aja
ja
ajajaja
ja
aj